domingo, 4 de julio de 2010

El florecimiento de Mona Lisa:

Capitulo 01

Estábamos en un yet privado navegando a través de la oscura noche, volando hacia New Orleans. Mi nuevo territorio. Estaba vestida con un vestido largo negro. Formal en toda su longitud. No mi estilo usual o gusto. Pero al menos éste me quedaba, no como el “pásame las manos” de Mona Sera, el cual tenía una abertura y juntaba mis modestos pechos. Mi madre estaba exuberantemente constituida. No como yo. Lástima que no haya heredado el aspecto físico de ella. O tal vez era una cosa mejor no haber heredado más de sus gustos. No es muy agradable mi madre.
Todo lo que al parecer tengo de Mona Sera es mi cabello negro, altos pómulos, y una mandíbula que era ambas a la vez delicada y fuerte. Oh, sí. Y la sangre Monère que corría fuerte y dominante por mis venas. Una cuarta parte de mi es humana. La otra tercera parte es de otra especie, de otro mundo: Monère -Hijos de la Luna- más fuertes y rápidos que los humanos. Y mucho más poderosos. Nosotros éramos verdaderamente en lo que las leyendas sobre vampiros y hombres lobos se basaban.
Al lado mío estaba sentado Gryphon. Estaba inusualmente quieto. No nos estábamos tocando, pero sentía su presencia, su poder, como una mano tocando suavemente mi piel. Volví mi mirada hacia él, para mirarlo fijamente, esta hermosa criatura descendía de personas de otro mundo quienes huyeron de su moribundo planeta hace cuatro millones de años. Su extrema belleza me chocó, como siempre, golpeándome el pecho y quitando todo el aire fuera de mí. Pero ¿Quién necesitaba respirar cuando en lugar de eso podías beber de la riqueza de su belleza? La oscuridad de medianoche que era su cabello se sentía como oscuras cortinas de seda, cepillando sus hombros. Su piel tan pura como el alabastro La rojez alarmante de su boca en forma de arco de Cupido. Tal belleza sobrenatural, esos labios, deberían ser gracia solo de un querubín. En efecto, la primera vez que vi a Gryphon, por mi mente rondaba el pensamiento que él era un ángel caído, echado del cielo. No estaba muy lejos de la verdad. Solo que su cielo había resultado ser la luna.
Una tristeza inquietante como una cosa viva, inundaba el azul cielo de sus ojos. Tristes ojos que habían visto demasiado, hecho demasiado. Odie ver esa mirada una vez más en esas profundidades cristalinas. Sintiendo mi acariciante mirada, Gryphon volteó a verme y vi la tristeza que parecía ser tan parte de él desvanecerse y en su lugar algo mas se levantarse de dentro para tomar su lugar. En sus azules, azules ojos, vi mi sueño hecho realidad. Caliente pasión, dulce adoración. Amor. Todo lo que yo alguna vez soñé para mi vida y nuca pensé tener. Gryphon. Mi sueño hecho carne, un árbitro que vino de otro mundo hacia mí, solo y herido por la mano de su Reina, moribundo. Salvarlo a él me liberó e mi soledad y me inició en mi vida real.
Los sentimientos y el paquete de emociones entre nosotros aumentaban y me preguntaba por qué no estábamos tocando. Quería tocarlo, sentirlo, acariciar la dulce piel, para asegurarme a mi misma que él era real, no una visión que de pronto se desvanecería. Que él no me dejaría.
Un movimiento captó mi atención. Ah, claro. En el pasillo lateral a nosotros estaba la razón de porqué no lo tocaba. Ambir, mi otro amante. Alto como una majestuosa montaña, sólido con robustos huesos y aun más fuertes músculos. Poderoso como un majestuoso roble, grandioso y difícil de derribar. Su belleza se basaba en su rudeza, en su maltrecho corazón, con su fuerza bruta y sus emociones aun más rudas que a menudo escondía tras una muralla de fría indiferencia, una muralla de control, su máscara usual. Un hábito de autopreservación que había adquirido bajo las crueles reglas de Mona Sera, así que uno se engañaba al pensar que él no sentía nada… hasta que me vio como lo estaba haciendo ahora.
Tragué contra lo que vi en la intensa y desnuda mirada en el rostro de Amber, que era lo que él me permitía ver. No había nada frio ni reservado ahora en él. Sus ojos azules oscuros cambiaron a un fiero dorado, centellando amarillos como joyas relucientes y brillantes; el mismo color de su nombre, Amber. Los ojos de su bestia. Ellos quemaban y resplandecían con este extraordinario color cada vez que él agarraba pasión o poder.
Lo vi caminar hacia mí con esos líquidos y centelleantes ojos llenos con deseo y devoción, yo estaba divida entre correr lejos o tirarme a sus grandes brazos. El me salvó, me trajo de vuelta cuando estaba al borde de la muerte, protegiéndome de una banda de secuestradores renegados, y me amo desde eso. Cuando retornamos de nuestra pesadilla, el lazo entre nosotros era fuerte y verdadero, y ahora yo amaba a Amber tanto como amaba a mi querido Gryphon. Mis dos Guerreros Lord. Mis dos amantes. Aun creía fuertemente que no podría dejar a uno por sobre el otro. Que podía mantenerlos a los dos y dejarlos que me compartan, como ellos lo llamaban.
Amber se metió en el asiento al costado mío, sus elegantes caderas encajando fácilmente. Aun la gran espada que llevaba puesta en su cintura encajó. Pero sus hombros eran tan amplios, tan anchos que nos tocábamos. Y con ese pequeño contacto, una sensación de alivio nos recorrió a ambos. La tensión entre nosotros se suavizó, la extrañeza decayó. Mi mano izquierda se levantó naturalmente, sin ninguna orden consciente de mi cerebro, y se posó naturalmente en la de Amber, a la vez mi mano derecha igualó a la izquierda con los largos y delgados dedos de Gryphon. Gryphon levantó mi mano, deslizó un beso en la palma, y la presionó contra su corazón. Un gesto cortés que era tan natural y agraciado como el hombre mismo, provocando en mí un sentimiento de felicidad revoloteante. Y estando así de feliz, tener las cosas así de perfectas me ponía nerviosa. ¿Por qué? Porque sabía que no iba a durar. No para mí.
“El piloto dijo que pronto aterrizaremos.” La voz de Amber era tan profunda, tan oscura, tan baja, que me hacía temblar. “Te ves hermosa Mona Lisa” él dijo, y mi nombre fue como una caricia saliente de su boca.
Hice una mueca. Amber estaba sin duda refiriéndose a mi cabello largo que había dejado suelto y sin recoger, y mi vestido largo formal… un cordón negro que se arremolinaba sobre el forro negro de seda. Uno de los varios vestidos que había comprado en Manhattan, no porque vestirme así era mi estilo -oh no, no eso. Pantalones, camisetas, zapatillas, y una cola de caballo era más mi gusto, y lo que Amber y Gryphon estaban acostumbrados a ver. Pero los vestidos largos negros era lo que la Reina Monère acostumbraban usar, y eso era lo que yo era. Una Reina Monère. La más nueva.
Los hombres Monère eran un poco primitivos en lo que a gustos de sus mujeres se trataba -largos vestidos, cabello suelto, y hasta la pérdida de sus valores, especialmente en sus Reinas. Sin duda a ellos les gustaría dejar embarazada a cada mujer si ellos pudieran manejarlo. El problema era, muy pocos podían. Los Monère no eran personas fértiles. Era difícil, raro, que sus mujeres se quedaran embarazadas. Me pregunto si es por el natural estado de su longevidad -ellos tenían la típica duración de vida de trescientos años- o si esto era su condición al venir a un planeta extraño. Brevemente, me pregunte si es una condición que me había maldecido a mí también.
Usaba el vestido como una concesión, una de las muchas que yo probablemente haré en mi nuevo territorio cuando entre por primera vez. Como la primera Reina Monère de sangre mixta en toda la historia. Ya era lo bastantemente extraña como era, no necesitaba usar la usual vestimenta de la Reinas… al principio, eso es. Pensaríamos mas tarde en eso, después que ellos se acostumbren a mí. Ellos eran mis nuevos súbditos, los Monère local. Y no solo en New Orleans. Resultó que New Orleans es solo el asiento de mi trono. Mi nueva provincia se expande hasta más allá del Cuarto Francés, más allá de la bahía con sus oscuras aguas chocolate. Sus tentáculos como de una calamar abrazan el entero estado de Lousiana y un poco mas allá-
Miré la parte delantera del avión donde el resto de mi gente estaba sentada, a los que yo había pensado sería la totalidad de gente que gobernaría, hasta que Grifón había corregido mi falsa idea. Mis ojos se suavizaron al momento en que se posaron sobre Thaddeus con su cabello lacio oscuro, como el mío. Thaddeus, mi hermano verdaderamente sangre.
El cabello de Tersa y Jamie relucían como signos de exclamación de rubí al lado de Thaddeus; ellos eran el hermano y hermana de mi corazón. Todos ellos tres eran sangre mixta como yo -raros, unos pocos, y no queridos. La madre de Jamie y Tersa, Rosemary, una Monère de sangre pura, estaba sentada en la siguiente fila atrás de ellos. Ella era una cocinera bendecida quien dejo su cómoda posición en la Alta Corte para seguirme ciegamente a cualquier territorio que me asignaran. Yo había sido la única en haber salido a defender a su hija, Tersa, cuando un guerrero Monère la había raptado. Nadie mas había interferido porque no es contra la ley raptar, matar o hacer cualquier cosa que tu pequeño corazón oscuro deseara contra los sangre mixta. De hecho, sus leyes estaban torcidas contra los sangre mixta. Nosotros no podíamos matar a los sangre pura.
Si, sus leyes apestaban. Con suerte eso había sido enmendado una vez que me convertí en Reina. Yo, la única excepción en los sangre mixta, podía matar a un sangre pura. En autodefensa, claro. Una fría sonrisa se formó en mis labios. Cada asesinato que yo pudiera hacer se vería como hecho por defensa propia, claro, sea o no cierto. Porque, sin lugar a dudas, si los mataba, seria porque ellos suntuosamente merecían morir.
Rosemary me siguió porque creía que yo podía proteger a su hijo de sangre mixta, mujer astuta. Ella estaba en lo cierto. Yo haría todo lo que pudiera para mantenerla a salvo. Difícil de creer, mientras miraba a la fuerte cocinera con cabellos morenos quien era tan alta como una amazona, que Rosemary haya dado a luz al delgado, alto y pelirrojo Jamie, y a la pequeña Tersa, cuyos huesos parecían tan ligeros y delicados como los de una paloma. Me hacia preguntar -o no querer preguntarme- quien era su padre humano. Pelirrojo de hecho de constitución ligera. Sacudí mi cabeza, aclarando mis pensamientos. La dispareja combinación de parejas era algo de lo que ni siquiera quería imaginar.
En la tercera fila se sentaba Tomas y Aquila. Con suaves ojos eran marrones, cabello color del trigo y un acento del sur que fluía caliente y grueso como la melaza, Tomas era tan recto, verdadero y leal como la espada que había jurado a mi servicio. Aquila, por otro lado, era un ex renegado que vivía fuera de la ley, una de los que me había secuestrado de hecho. Tú nunca lo adivinarías mirando sobre su propia y precisa persona. El no era muy alto. El pelo de su bien cuidada y ajustada barba Vandyke era perfectamente derecho en contraste con su ondulado cabello marrón. El era antiguo, como Amber. Más de 100 años era mi suposición. El único de nuestro pequeño grupo a parte de mí que sabía manejar… dando tumbos “casi medio siglo desde que él había estado detrás de un volante” esa era la moda. El conocimiento de Aquila y el aprovechamiento en comercio y negocios era una buena cosa para todos nosotros, aunque quizás no tan sorprendente considerando el orden de su naturaleza.
Detrás de mí se sentaba Chami, el último y menos querido de mis guardias guerreros. El más peligroso. Lo tomé porque Mona Teresa, una desagradable y celosa Reina rival, lo hubiera tomado si no lo hacía. Se había humillado ante mí y rogado con sus profundos ojos violetas no dejarla tenerlo.
Chami tenía cabello ondulado marrón como Aquila, pero atado con un delgado cordón, era esbelto y con galgo. La presencia de su poder era como un invisible beso contra tu piel, ligero, apenas allí. Hasta que bajaba su escudo y te dejaba sentir la plenitud y el peso. Pero su real regalo no era el encubrimiento de todo su poder, aunque eso era un truco elegante. No, su verdadero poder descansaba en su habilidad de encubrirse el mismo. En realidad no se desaparecía a sí mismo, sino más bien tenía la capacidad de armonizar con su fondo y entorno de modo que era invisible. Camaleón. El haba sido un asesino, matando silenciosamente, una sombre cazadora no vista, su naturaleza era tan oscura y compleja como su don, y su lealtad menos segura, aunque él se había mantenido firme hasta ahora, aun cuando nosotros habíamos pasado contra un demonio muerto.
Mi familia. Mi círculo más cercano.
Inconscientemente, sin saber, nos habíamos sentado en reversa al orden de poder. Sangres mixtas, tradicionalmente -y verdadero en el caso de Jamie y Tersa- no era mucho más poderos que los humanos. Mi hermano, Thaddeus, y yo éramos las excepciones. Pero entonces nosotros somos más Monère que humanos. Nuestro padre había sido una sangre mixta, con identidad desconocida. Muerto de acuerdo a nuestra madre, Mona Sera, aunque yo pensaba que ella había mentido en aquel entonces.
Thaddeus era una curiosa excepción en nuestra inconsciente jerarquía asentada, que tenia al más fuerte sentado atrás para proteger al más débil de nosotros. Thaddeus, podría de hecho, demostrar hacerse más fuerte de todos nosotros con el tiempo, si nosotros pudiéramos concederle esto. Él era seguramente el más único, aún más que yo. Thaddeus, podía llamar a los rayos prolongadores de vida que entregaba la luna. El podía proyectar sus bendiciones, cosa que antes sólo las Reinas podían hacer. Mi hermano Thaddeus era la más preciosa esperanza para el futuro hecho hombre. Lo podía ver en sus ojos cuando ellos lo miraban… Aquila, Tomas, Chami -Todos guerreros que juraron estar a mi servicio pero cuya lealtad, quizás ante todo, consciente o inconsciente, era a mi hermano. Y esto está bien. Eso era mi deseo también. Yo preferiría que ellos velaran por su seguridad primero. Puedo cuidar de mi misma.

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Ahi esta el primer capi de este grandioso libro.. disfrutenlo y gracias por pasarse por aqui!!!! se les kiere...
Atte: Narumyta

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