
Elena se sorprendió al ver su asentimiento, no pensó que se lo iba a tomar de esa manera.
De repente todavía no sabe que le voy a decir. Pensó; pero eso no era posible porque vio como sus ojos se oscurecían del entendimiento. Supo ver en los ojos de él, el momento exacto en donde entendía todo. Así que se preguntaba porque no la había mandado al diablo.
Caminaron juntos guiados por Elena; se alejaron del camino de piedra sin terminarlo y se adentraron al bosque. Avanzaron esquivando la maleza por un casi imperceptible camino, hecho por el constante ir y venir. A simple vista eso parecía llevar a ningún lado.
Elena recorría el bosque esquivando ramas, rodeando árboles que se hacían cada vez más altos. Y justo cuando se veía que ya no habría mas espacio para caminar Elena se metió en medio de un arbusto y desapareció de la vista de Joseph. Éste la siguió confiando totalmente en ella por el arbusto y después de un segundo de sentirse perdido entre las ramas que herían su piel, sintió la mano de ella cerrarse en la de él y jalarlo hacia fuera. Joseph sintió la suave brisa golpear su rosto cuando salieron de entre el arbusto. Se limpió las ramitas de los brazos y cara y levantó la vista.
Lo que vio fue total y absolutamente hermoso. El lugar secreto de Elena; al que ella venía cuando no se sentía bien, en donde pasaba casi todas sus noches y nadie más conocía, estaba frente a sus ojos.
El prado no era tan grande sino tenía una medida casi perfecta para sentirse a gusto. Estaba cubierto de un majestuoso pasto verde. Las flores de diversos colores y mesclas de éstos estaban esparcidas por todo el lugar, pero no lo estaban sin ningún orden o pareciendo un embrollo de colores, sino que coexistían en una armonía primorosa. Las había de todas formas y tamaños. Él nunca pensó que en este pueblo había tantos tipos de flores.
En medio del grandioso prado se encontraba un arroyuelo demarcado por grandes piedras grises y beige. Joseph se atrevió a dar un paso y lo hizo muy lento; no quería arruinar la pureza del momento ni del lugar, parecía incorrecto caminar rápido aquí, hasta gritar hubiera sido considerado un pecado en este sitio tan hermoso y pacífico. Se acerco más al arroyo para obtener una mejor vista. El agua era cristalina y pura, reflejando la luz del sol en su superficie; había peces pequeños nadando allí viéndose… felices (si es que los peces pudieran “verse” felices).
Sintió unos dedos cálidos sellarse en su muñeca tocándole de la manera mas gentil. Bajó la vista para encontrase con el rostro de su princesa. Ella lo miraba con cara expectativa y de interés. El le sonrió. Y ella lo hizo también.
Joseph inclino la cabeza un poco para así juntar su frente con la de ella.
Sus narices rozándose y sus labios apenas tocándose. Sintiendo la respiración caliente del otro en la cara.
Él cerró los ojos y susurró – Gracias por mostrarme esto. Nunca pensé que lo harías.- hizo una pequeña pausa para que lo que iba a decir a continuación sea dicho de la mejor manera posible y expresado con las palabras correctas porque sabía que no habría otro momento mas perfecto que éste.
- Pensé que te irías sin mostrármelo– Abrió los ojos y la miró, quiso que ella vea en él la verdad de sus sentimientos -Te quiero princesa y siempre lo haré. No importa la distancia que haya entre nosotros lo que siento por ti difícilmente se ira por unos cuantos kilómetros- se detuvo ahí y después dijo en voz suave.
-Sé para que vinimos aquí- lanzó un pequeño suspiro – lo que estoy tratando de decir es que no tienes que estar tan preocupada por como decírmelo, ni si lo voy a tomar bien o mal. Sabía en lo que metía cuando le permití a mi corazón quererte; sabía que algún día partirías y siempre trate de imaginarme ese momento para saber exactamente que decir y hacértelo mas fácil. Bueno en lo que se pueda…- exhalo, y soltó una pequeña carcajada que sonó mas desesperada de lo que él hubiera querido.
Elena no podía creer lo que él le estaba diciendo. Como él estaba haciendo de esto algo totalmente diferente a como ella se imagino que sería. Dios él es tan increíble. Pensó. Esto no hacía más fácil para ella irse. No cuando sabia que dejaba a un chico tan brillante y maravilloso como Joseph, que la quería como ella a él. Aquí con Jo ella encontró el lugar seguro que siempre había estado buscando y ahora lo dejaría sin saber siquiera la razón de por que lo hacía.
-Jo yo… lo siento. En serio. No quiero dejarte, me duele mucho hacerlo. Pero tengo que irme. Mi tia asi lo quiere y no puedo ir contra ella, soy lo único que tiene y ella es el único familiar que me queda. El único recuerdo de mis padres, de que realmente existieron, de que realmente me quisieron- se detuvo, inspiro y saco todo el aire de dentro -Te traje aquí porque quería que cuando yo me vaya tuvieras un lugar especial con el cual recordarme y recodar todo lo que tenemos. Sé que suena cursi, pero -se encogió de hombros -eso es lo que siento. Tengo miedo de no volver a verte y perderte para siempre de mi vida, tengo miedo de ir a un nuevo sitio y empezar todo de nuevo, tengo miedo de que la razón de todas estas mudanzas sea algo terrible, nunca tuve tanto miedo de tantas cosas en mi vida.- Susurrò Elena.
Nunca se encariño con nadie en las antiguas ciudades que había vivido, nuca se quedaban lo suficiente para poder hacerlo tampoco; y ahora que se permitió querer, se avecinaba una real tormenta en la que no estaba segura saldría totalmente ilesa. Dejaba a dos grandes personas en Ville, Claire yJo, dejarlos a los dos le dolía.
-Shhh… ya lo sé Elena, créeme que lo sé. Todo va a estar bien vas a ver. Vamos a estar bien. No vas a perderme tontita, además estamos en la era tecnológica ¿no?, hay celulares, mails y un montón de aparatos mas con los que podemos hablar. ¡Vamos!, no va a ser tan malo. Tus papas te quisieron demasiado y te lo demostraron solo con el hecho de tenerte. No te pido que vayas en contra de tu tía, no te pido más de lo que sé me puedes dar, sólo no me olvides ¿Si?, cuando nuevas personas entren en tu vida, no me olvides. Te quiero princesa.- Elena cerró los ojos cuando lo escuchó decir esto; en el fondo de su corazón ella tenía dudas y cada vez estas crecían.
Acercó sus labios a los de él y lo besó como si no hubiera mañana. Era el aquí y ahora, con él en el lugar más seguro para ella, todas sus dudas e incertidumbres se esfumaron cuando puso sus labios junto a los de él. La felicidad embargó su alma. Se besaron dulcemente y despacio al principio, disfrutando de solo el roce de sus labios, después el beso se volvió desesperado, casi urgente. Un beso que mostraba claramente como se sentían ambos ante la inminente partida de Elena.
El mundo desapareció para Elena con ese beso, mientras Jo estuviera con ella al menos el poco tiempo que les quedaba, todo estaría bien. Simplemente bien.
Esa noche en su cama Elena no podía conciliar el sueño, daba vueltas y se enredaba en las sabanas. Movio sus piernas de tal manera que pudiera desenredarse y se sentó respirando agitadamente en su cama. Miro la oscuridad que rodeaba al cuarto y le entraron escalofríos, se paro encontrando sus pantuflas una lejos de la otra y camino a tientas por su cuarto cuidando de no tropezarse con nada; llego hasta la ventana y descorrió la cortina. Afuera la luna estaba llena y era la más magnifica luna que se había visto en años. La primera la vio cuando tenía 10 y estaba viajando en el auto con su tía –mudándose de nuevo- El tamaño de esta era enorme, parecía querer tragarse la tierra y estarla asechando, observando sus movimientos y aprendiéndoselos para así sorprenderla en el momento menos pensado y agarrarla de sorpresa, Elena ya no sabía si era a la tierra a quien vigilaba o a ella misma. Últimamente en estos días se sentía extraña.
Su día tampoco había sido el más normal. Cuando terminaron de hablar con Jo y se dirigieron a su casa, su tía los esperaba fuera y aunque tenia una sonrisa en los labios ésta no le llegaba a los ojos. Su rostro y su postura estaban tensos. Jo la saludó y entraron a su casa.
Elizabeth era una mujer que parecía de 40 años, pero Elena sabía que su tía no era tan joven; simplemente las fechas no coincidían si era verdad la edad que aparentaba. Otra cosa extraña en su vida era eso también, que no sabía su edad exacta, nunca se lo dijo y siempre que preguntó simplemente su tía cambiaba de tema; antes creía que ella no se lo quería decir por ese temor que tiene las mujeres con la edad cuando empiezan a envejecer. Pero ahora se estaba cuestionando todo y no sabia porqué. No creía que fuera normal no saber la edad de la única persona que era familiar tuyo en el mundo.
La figura de Elizabeth cada vez se hacía más nítida, al acercarse ellos. Su tía vestía un pantalón de lana con una blusa muy femenina color azul acero, tenía un chal alrededor de sus hombros para resguardarse del viento que en esta época del año se volvía un poco más fuerte. Tenía el cabello hasta la cintura y le caían en suaves ondas pelirrojas. Su tez era blanca como la luz de luna y tenía la mejor piel que Elena haya visto nuca. Sus ojos azules claros, ahora estaban oscuros como el mar cuando se avecina una tormenta. Elizabeth era una mujer hermosa, exuberantemente hermosa, con gran presencia y gargo. Muy opuesta a la imagen etérea que Elena presentaba. Con su cabello y ojos pálidos y la figura con no muchas curvas que presentaba. No era fea, de hecho Elena era hermosa también solo que era la belleza opuesta a la que presentaba su tía. Y aun así eran parientes.
Elena abrazó a su tía diciendo buenas noches y le dio un beso en la mejilla. Joseph solo le dio un levantamiento de cabeza y la saludo respetuosamente.
¬¬
- Pasen niños- Elizabeth sonrió por lo bajo al decir esto, sabiendo que a Elena no le gustaba que la llamaran “niña”- La comida ya esta lista, Elena ayúdame a poner la mesa mientras Joseph alcanza los platos de comida. Tengo que hablar con ustedes, sobre todo contigo Elena, son buenas y malas noticias. Pero primero antes de todo metamonos algo en el estomago, asi no sera tan malo, o tan bueno... para todos. Y... ¿Porqué están con esas caras tan largas chicos?¬ - Dejo que entraran y agarro la manija para cerrar la puerta, antes de hacerlo se permitió una mirada hacia el bosque, suspirando cerró la puerta. Pronto vendrían y ya no quedaría más sitio al que huir. Todo pasado saldría a la luz y Elena iba a pasar por mucho dolor al enterarse de la verdad. Para ella quedaba solo el perdón.

