domingo, 18 de julio de 2010

Los Portadores: Capitulo Tres




Elena se sorprendió al ver su asentimiento, no pensó que se lo iba a tomar de esa manera.
De repente todavía no sabe que le voy a decir. Pensó; pero eso no era posible porque vio como sus ojos se oscurecían del entendimiento. Supo ver en los ojos de él, el momento exacto en donde entendía todo. Así que se preguntaba porque no la había mandado al diablo.
Caminaron juntos guiados por Elena; se alejaron del camino de piedra sin terminarlo y se adentraron al bosque. Avanzaron esquivando la maleza por un casi imperceptible camino, hecho por el constante ir y venir. A simple vista eso parecía llevar a ningún lado.
Elena recorría el bosque esquivando ramas, rodeando árboles que se hacían cada vez más altos. Y justo cuando se veía que ya no habría mas espacio para caminar Elena se metió en medio de un arbusto y desapareció de la vista de Joseph. Éste la siguió confiando totalmente en ella por el arbusto y después de un segundo de sentirse perdido entre las ramas que herían su piel, sintió la mano de ella cerrarse en la de él y jalarlo hacia fuera. Joseph sintió la suave brisa golpear su rosto cuando salieron de entre el arbusto. Se limpió las ramitas de los brazos y cara y levantó la vista.
Lo que vio fue total y absolutamente hermoso. El lugar secreto de Elena; al que ella venía cuando no se sentía bien, en donde pasaba casi todas sus noches y nadie más conocía, estaba frente a sus ojos.
El prado no era tan grande sino tenía una medida casi perfecta para sentirse a gusto. Estaba cubierto de un majestuoso pasto verde. Las flores de diversos colores y mesclas de éstos estaban esparcidas por todo el lugar, pero no lo estaban sin ningún orden o pareciendo un embrollo de colores, sino que coexistían en una armonía primorosa. Las había de todas formas y tamaños. Él nunca pensó que en este pueblo había tantos tipos de flores.
En medio del grandioso prado se encontraba un arroyuelo demarcado por grandes piedras grises y beige. Joseph se atrevió a dar un paso y lo hizo muy lento; no quería arruinar la pureza del momento ni del lugar, parecía incorrecto caminar rápido aquí, hasta gritar hubiera sido considerado un pecado en este sitio tan hermoso y pacífico. Se acerco más al arroyo para obtener una mejor vista. El agua era cristalina y pura, reflejando la luz del sol en su superficie; había peces pequeños nadando allí viéndose… felices (si es que los peces pudieran “verse” felices).
Sintió unos dedos cálidos sellarse en su muñeca tocándole de la manera mas gentil. Bajó la vista para encontrase con el rostro de su princesa. Ella lo miraba con cara expectativa y de interés. El le sonrió. Y ella lo hizo también.
Joseph inclino la cabeza un poco para así juntar su frente con la de ella.
Sus narices rozándose y sus labios apenas tocándose. Sintiendo la respiración caliente del otro en la cara.

Él cerró los ojos y susurró – Gracias por mostrarme esto. Nunca pensé que lo harías.- hizo una pequeña pausa para que lo que iba a decir a continuación sea dicho de la mejor manera posible y expresado con las palabras correctas porque sabía que no habría otro momento mas perfecto que éste.
- Pensé que te irías sin mostrármelo– Abrió los ojos y la miró, quiso que ella vea en él la verdad de sus sentimientos -Te quiero princesa y siempre lo haré. No importa la distancia que haya entre nosotros lo que siento por ti difícilmente se ira por unos cuantos kilómetros- se detuvo ahí y después dijo en voz suave.

-Sé para que vinimos aquí- lanzó un pequeño suspiro – lo que estoy tratando de decir es que no tienes que estar tan preocupada por como decírmelo, ni si lo voy a tomar bien o mal. Sabía en lo que metía cuando le permití a mi corazón quererte; sabía que algún día partirías y siempre trate de imaginarme ese momento para saber exactamente que decir y hacértelo mas fácil. Bueno en lo que se pueda…- exhalo, y soltó una pequeña carcajada que sonó mas desesperada de lo que él hubiera querido.

Elena no podía creer lo que él le estaba diciendo. Como él estaba haciendo de esto algo totalmente diferente a como ella se imagino que sería. Dios él es tan increíble. Pensó. Esto no hacía más fácil para ella irse. No cuando sabia que dejaba a un chico tan brillante y maravilloso como Joseph, que la quería como ella a él. Aquí con Jo ella encontró el lugar seguro que siempre había estado buscando y ahora lo dejaría sin saber siquiera la razón de por que lo hacía.

-Jo yo… lo siento. En serio. No quiero dejarte, me duele mucho hacerlo. Pero tengo que irme. Mi tia asi lo quiere y no puedo ir contra ella, soy lo único que tiene y ella es el único familiar que me queda. El único recuerdo de mis padres, de que realmente existieron, de que realmente me quisieron- se detuvo, inspiro y saco todo el aire de dentro -Te traje aquí porque quería que cuando yo me vaya tuvieras un lugar especial con el cual recordarme y recodar todo lo que tenemos. Sé que suena cursi, pero -se encogió de hombros -eso es lo que siento. Tengo miedo de no volver a verte y perderte para siempre de mi vida, tengo miedo de ir a un nuevo sitio y empezar todo de nuevo, tengo miedo de que la razón de todas estas mudanzas sea algo terrible, nunca tuve tanto miedo de tantas cosas en mi vida.- Susurrò Elena.
Nunca se encariño con nadie en las antiguas ciudades que había vivido, nuca se quedaban lo suficiente para poder hacerlo tampoco; y ahora que se permitió querer, se avecinaba una real tormenta en la que no estaba segura saldría totalmente ilesa. Dejaba a dos grandes personas en Ville, Claire yJo, dejarlos a los dos le dolía.

-Shhh… ya lo sé Elena, créeme que lo sé. Todo va a estar bien vas a ver. Vamos a estar bien. No vas a perderme tontita, además estamos en la era tecnológica ¿no?, hay celulares, mails y un montón de aparatos mas con los que podemos hablar. ¡Vamos!, no va a ser tan malo. Tus papas te quisieron demasiado y te lo demostraron solo con el hecho de tenerte. No te pido que vayas en contra de tu tía, no te pido más de lo que sé me puedes dar, sólo no me olvides ¿Si?, cuando nuevas personas entren en tu vida, no me olvides. Te quiero princesa.- Elena cerró los ojos cuando lo escuchó decir esto; en el fondo de su corazón ella tenía dudas y cada vez estas crecían.
Acercó sus labios a los de él y lo besó como si no hubiera mañana. Era el aquí y ahora, con él en el lugar más seguro para ella, todas sus dudas e incertidumbres se esfumaron cuando puso sus labios junto a los de él. La felicidad embargó su alma. Se besaron dulcemente y despacio al principio, disfrutando de solo el roce de sus labios, después el beso se volvió desesperado, casi urgente. Un beso que mostraba claramente como se sentían ambos ante la inminente partida de Elena.
El mundo desapareció para Elena con ese beso, mientras Jo estuviera con ella al menos el poco tiempo que les quedaba, todo estaría bien. Simplemente bien.

Esa noche en su cama Elena no podía conciliar el sueño, daba vueltas y se enredaba en las sabanas. Movio sus piernas de tal manera que pudiera desenredarse y se sentó respirando agitadamente en su cama. Miro la oscuridad que rodeaba al cuarto y le entraron escalofríos, se paro encontrando sus pantuflas una lejos de la otra y camino a tientas por su cuarto cuidando de no tropezarse con nada; llego hasta la ventana y descorrió la cortina. Afuera la luna estaba llena y era la más magnifica luna que se había visto en años. La primera la vio cuando tenía 10 y estaba viajando en el auto con su tía –mudándose de nuevo- El tamaño de esta era enorme, parecía querer tragarse la tierra y estarla asechando, observando sus movimientos y aprendiéndoselos para así sorprenderla en el momento menos pensado y agarrarla de sorpresa, Elena ya no sabía si era a la tierra a quien vigilaba o a ella misma. Últimamente en estos días se sentía extraña.
Su día tampoco había sido el más normal. Cuando terminaron de hablar con Jo y se dirigieron a su casa, su tía los esperaba fuera y aunque tenia una sonrisa en los labios ésta no le llegaba a los ojos. Su rostro y su postura estaban tensos. Jo la saludó y entraron a su casa.

Elizabeth era una mujer que parecía de 40 años, pero Elena sabía que su tía no era tan joven; simplemente las fechas no coincidían si era verdad la edad que aparentaba. Otra cosa extraña en su vida era eso también, que no sabía su edad exacta, nunca se lo dijo y siempre que preguntó simplemente su tía cambiaba de tema; antes creía que ella no se lo quería decir por ese temor que tiene las mujeres con la edad cuando empiezan a envejecer. Pero ahora se estaba cuestionando todo y no sabia porqué. No creía que fuera normal no saber la edad de la única persona que era familiar tuyo en el mundo.
La figura de Elizabeth cada vez se hacía más nítida, al acercarse ellos. Su tía vestía un pantalón de lana con una blusa muy femenina color azul acero, tenía un chal alrededor de sus hombros para resguardarse del viento que en esta época del año se volvía un poco más fuerte. Tenía el cabello hasta la cintura y le caían en suaves ondas pelirrojas. Su tez era blanca como la luz de luna y tenía la mejor piel que Elena haya visto nuca. Sus ojos azules claros, ahora estaban oscuros como el mar cuando se avecina una tormenta. Elizabeth era una mujer hermosa, exuberantemente hermosa, con gran presencia y gargo. Muy opuesta a la imagen etérea que Elena presentaba. Con su cabello y ojos pálidos y la figura con no muchas curvas que presentaba. No era fea, de hecho Elena era hermosa también solo que era la belleza opuesta a la que presentaba su tía. Y aun así eran parientes.
Elena abrazó a su tía diciendo buenas noches y le dio un beso en la mejilla. Joseph solo le dio un levantamiento de cabeza y la saludo respetuosamente.
¬¬
- Pasen niños- Elizabeth sonrió por lo bajo al decir esto, sabiendo que a Elena no le gustaba que la llamaran “niña”- La comida ya esta lista, Elena ayúdame a poner la mesa mientras Joseph alcanza los platos de comida. Tengo que hablar con ustedes, sobre todo contigo Elena, son buenas y malas noticias. Pero primero antes de todo metamonos algo en el estomago, asi no sera tan malo, o tan bueno... para todos. Y... ¿Porqué están con esas caras tan largas chicos?¬ - Dejo que entraran y agarro la manija para cerrar la puerta, antes de hacerlo se permitió una mirada hacia el bosque, suspirando cerró la puerta. Pronto vendrían y ya no quedaría más sitio al que huir. Todo pasado saldría a la luz y Elena iba a pasar por mucho dolor al enterarse de la verdad. Para ella quedaba solo el perdón.

Mi primer Premio!!! Wiiii. Cortesia de Vane Dhampir




Gracias por el premio Vane!!! es mi primer premio y estoy super feliz y contenta que seas tu quien me lo haya entregado!!! Gracias por tu apoyo.

Yo se lo entrego a:
1) Aika
2) Jennyhvela
Disfruto mucho de las historias de ambas, y estoy prendidisima de la de Jenny... (esperando por capi xD! y Amo a Nick)
Y para las soñadoras q hac muy poquito me siguen, gracias por su apoyo chicas y su blog es lo maximo besos para todas!
3) El blog Historias del Silencio

Ok es mi primer premio asi q si lo hice mal tenganm paciencia si?? xD Gracias!!

domingo, 4 de julio de 2010

Los Portadores: Capitulo dos




Elena caminó por el sendero de piedras hasta la parte delantera de la casa.
Su casa no era grande ni pequeña, de color blanco y con una presencia magnífica; estaba rodeada por árboles por los tres costados salvo la parte delantera –que era el porche a la vez- y atrás en el patio tenía arboles de varias frutas. Los marcos de las ventanas eran azul marino claro y desde afuera se veían las cortinas de encaje blanco que compro su tía cuando recién llegaron al pueblo. La casa era de dos pisos, abajo eran el comedor, la sala, la cocina y un pequeño hall atrás en el patio; y en el piso de arriba se encontraban los dormitorios, tres en total, uno de su tía, uno suyo y otro servía como cuarto de visitas -no es como si tuvieran muchas por cierto-.Su habitación daba para la parte frontal de la casa y la de su tía para la parte trasera.
Era de madera y para los días de frio tenía una gran chimenea en la sala que las calentaba y les daba esa sensación de hogar que tanto buscaban. De todas las casas en las que vivieron en tantos años de mudanza, esa era la mejor sin duda.

Hace dos años cuando vinieron a estos terrenos en busca de una casa en donde quedarse, nunca imaginaron encontrar una antigüedad tan linda como ésta. La habían nombrado “The White House” –por razones obvias- y se la compraron casi de inmediato. Consiguieron muebles y cosas para la casa en una venta de garaje. Y la decoraron al gusto de ambas.

Se mudaron después de dos semanas de decoración y la tía Elizabeth empezó los papeleos para el ingreso a la nueva escuela de Elena. Había mucho que hacer y Elizabeth no se habría molestado en hacerlo si no supiera que por fin aquí es donde se iban a quedar indefinidamente. Ya faltaba poco para que llegara el día, así que de nada serviría seguir corriendo. Solo dos años más y podrían regresar y reclamar lo que por derecho le pertenecía a Elena.

Elena se tomó su tiempo caminando, quería disfrutar del olor y la vista hecha por el sol filtrándose de entre las ramas. El sol ocasionaba que su humor cambiara completamente en las veces que este era capaz de abrirte un agujero en la cabeza con solo una mirada enfurecida. La revitalizaba así como la luna la apaciguaba. El carácter de Elena podía ser muy suave y dulce la mayoría de veces; pero cuando se trataba de proteger y sacar cara por alguien a quien amara, no había en la tierra nada que te salvara de la mirada que recibías por parte de ella. El carácter protector de Elena siempre estuvo ahí y ella se sentía a gusto con ello.


Terminando el sendero, Elena vislumbró su casa y afuera de ésta estaba el auto gris con su conductor recostado en el capote.
Elena sonrió con la vista que éste ofrecía. Ahí estaba él, alto y de contextura delgada, no en extremo pero tampoco era como esos muchachos llenos de esteroides. De cabello negro brillante, asemejándose a las alas de un cuervo, largo y en capas, cubriéndole la frente y cayéndole sexy por un lado; toda esa oscuridad contrastando con su piel blanca como la luz de la luna. Sus ojos eran oscuros, dos pozos sin fondo en los cuales Elena se perdía siempre que los veía. Su rostro era un poco largo y tenía unos labios rosados y carnosos, eran lo que más le gustaba a Elena de él.
Su corazón empezó a retumbar, lo podía sentir subir y bajar por su garganta.
Soltó su mochila en el gras y corrió hacia los brazos de Joseph.

Estaban juntos desde casi año y medio.
Cuando Elena llegó a Ville y empezó la escuela no era la chica más popular ni nada de eso. Pero a pesar de que Joseph tenía muchos amigos y la mayoría de las personas lo adoraban; parece que él vio algo en Elena que los demás no lo hacían. Él la invito a salir y así comenzó toda esta aventura juntos. No cabía duda que se querían, ella no veía su vida acá en Ville sin Jo a su lado; solo que a veces Elena sentía como si su vida no estuviera del todo completa todavía. Como si Joseph no fuera su otra mitad. Es una tontería pensar en almas gemelas o complementos en estos tiempos, pero, para Elena eso era un sentimiento de conciencia que se encontraba arraigado muy dentro de ella. No lo podía evitar y aunque superficialmente le pareciera tonto en infantil, muy dentro de ella ese sentimiento iba creciendo y fortaleciéndose con el tiempo. Sentimiento que muy pronto saldría y le costaría muy caro.

Ellos eran la pareja perfecta en la escuela, siempre juntos y adorándose el uno al otro. Nadie podía creer que después de todo ese tiempo juntos aun ellos podían seguir dándose esas miraditas de enamorados primerizos. Eran toda una leyenda en la Escuela Secundaria de Ville. Aunque Joseph ya la había terminado el año pasado y Elena lo hacia este año, los cotilleos en la escuela eran pan de cada día.
Joseph se iba este fin de año a postular a la universidad. No les alegraba mucho la separación pero habían acordado que Elena postularía allí también para cuando terminara la escuela. Y aun le quedaban 5 meses.

Joseph vio venir a Elene, tan bella y radiante como siempre, nunca entendió como pudo haberse enamorado tan rápido de ella, ni como cada vez que la abrazaba sentía que la conocía de toda la vida. Se sentía correcto estar a su lado; y aunque él sabía que Elene también lo quería, siempre encontraba en los ojos de ella, ese pequeño punto de su mente, el cual sabía no lo ocupaba él. Siempre pérdida en sus pensamientos, en su mundo y en sus preocupaciones. Elene parecía ser de otro mundo, cubierta por una poderosa y brillante aura nunca antes vista por Jo en ningún otro humano, tal vez fue de eso de lo que él se enamoro.
Leer las auras para Joseph era cosa de todos los días y si se esforzaba lo suficiente le llegaban también hilos de pensamientos de las personas a su alrededor. Sus padres eran poderosos leedores de mentes, pero a él se le daba mejor la lectura de auras.
Elena no sabía nada al respecto de esto, y el Joseph no se lo quería contar por miedo a que ella pensara que era un loco o desquiciado.

Cuando ella se lanzó a sus brazos él la agarro y levantó del suelo en un abrazo lleno de amor y ternura. Diablos como quería a esta chica- Pensó Jo. La bajo suavemente y separó la cara que ella había enterrado en la depresión de su cuello con delicadeza. Sostuvo su barbilla y la miró a los ojos. Es lo que más le gustaban de ella –esos misteriosos ojos que poseía- aunque muchos no le creyeran y pensaran que era un cursi y romántico empedernido. El amaba verla sonreír y daría todo lo que tenia para dejarla con la sonrisa en su hermosa cara.

En el momento en que Joseph la bajo y miró a los ojos, a Elena se le puso la piel de gallina. Vio en esos verdes ojos el amor que ella también sentía por él.

Hubo un silencio para nada incomodo y entonces fue cuando se acordó de la mudanza, desvió la mirada para que èl no viera la tristeza que ella sentía por dejarlo. Dios como iba a decirle, el solo pensar separarse de él hería su corazón.

El atrajo de nuevo su atención ahuecando su cara en sus manos.
–Hey, ¿Qué te pasa? En un momento estabas tan feliz y al siguiente ya no.-Joseph dijo. - ¿Es que no te alegras de verme? Porque yo estoy contentísimo de verte, hoy no tuve un buen día en el trabajo- al ver la cara de preocupación de ella hizo un gesto con la mano restándole importancia- nada importante, ya sabes lo mismo de siempre, clientes que creen que siempre tienen la razón- un lado de la boca de ella empezó a curvarse- Y entonces vine lo más rápido que pude al terminar mi turno para ver a la mejor medicina para los “no buenos días de trabajo” que tengo y… ¿adivina que paso?- ella levanto levemente una ceja invitándole a continuar- Pues… “ESTOY CURADO”.- él levanto las manos al cielo para luego posarlas nuevamente en su cintura - ¿No es un milagro? Creo que tenemos que llamar a una de esas sectas que curan con un vaso de agua para hablarles de ti. Te lo aseguro no hay nada más efectivo que estar a tu lado- al fin el rostro de ella se adorno con esas sonrisas que te detenían el corazón. Bueno al menos al de él lo hacía.

-Siempre me haces reir Jo- dijo ella todavía con una sonrisa en los labios.

Ella suspiro y apoyo la cabeza en su hombro; lo abrazo por la cintura e inhalo el olor tan peculiar que él tenía, desde que se acercó lo suficiente para poder hacerlo. No era que él se bañara en colonia o se echara algo artificial. No. El olor que el desprendía era su olor natural, el olor que para Elena era tan familiar y querido, el olía a madera viva y a rocío fresco de una mañana de primavera. Elena no sabía de dónde venían esas comparaciones, pero era verdad. Su olor era tan rico que nunca se cansaba de abrazarlo o descansar a su lado.

-Y sabes que eso no es verdad siempre estoy más que feliz de verte. Estuve pensando en ti todo el día- ella hizo una pausa y se separó de él un poco para poder verlo a los ojos. Entonces se le ocurrió una espectacular idea.

-Tengo que hablar contigo Jo- suspiró – no es sobre nosotros. Es sobre mí y mi tía. Pero antes quiero mostrarte algo. Mmmm… ¿qué es lo que siempre quisiste saber y yo nuca te lo dije?

Él abrió los ojos como platos y emitió un sonido de sorpresa
– No estarás hablando que me vas a mostrar tu…- no completó la frase y esperó para que lo negara, pero en vez de hacer eso ella asintió y al él el corazón se le lleno de alegría. ¡Al fin! Ella iba a confiar en él y le iba a mostrar su “lugar secreto”.
Pero ésta alegría duro solo unos segundos y sus ojos se oscurecieron de la sospecha. -Ella nunca aceptó mostrárselo, ni siquiera su tía sabía donde era, dijo que tenía que hablar con él… Oh no, esto no era para nada bueno… No puede ser ¡no tan pronto!- Pensó
Joseph asintió con un leve movimiento de cabeza, caminaron juntos agarrados de la mano en silencio. Él siguiéndola y ella guiándolo hacia lo que era sin duda el último encuentro entre estos dos enamorados.

El florecimiento de Mona Lisa:

Capitulo 01

Estábamos en un yet privado navegando a través de la oscura noche, volando hacia New Orleans. Mi nuevo territorio. Estaba vestida con un vestido largo negro. Formal en toda su longitud. No mi estilo usual o gusto. Pero al menos éste me quedaba, no como el “pásame las manos” de Mona Sera, el cual tenía una abertura y juntaba mis modestos pechos. Mi madre estaba exuberantemente constituida. No como yo. Lástima que no haya heredado el aspecto físico de ella. O tal vez era una cosa mejor no haber heredado más de sus gustos. No es muy agradable mi madre.
Todo lo que al parecer tengo de Mona Sera es mi cabello negro, altos pómulos, y una mandíbula que era ambas a la vez delicada y fuerte. Oh, sí. Y la sangre Monère que corría fuerte y dominante por mis venas. Una cuarta parte de mi es humana. La otra tercera parte es de otra especie, de otro mundo: Monère -Hijos de la Luna- más fuertes y rápidos que los humanos. Y mucho más poderosos. Nosotros éramos verdaderamente en lo que las leyendas sobre vampiros y hombres lobos se basaban.
Al lado mío estaba sentado Gryphon. Estaba inusualmente quieto. No nos estábamos tocando, pero sentía su presencia, su poder, como una mano tocando suavemente mi piel. Volví mi mirada hacia él, para mirarlo fijamente, esta hermosa criatura descendía de personas de otro mundo quienes huyeron de su moribundo planeta hace cuatro millones de años. Su extrema belleza me chocó, como siempre, golpeándome el pecho y quitando todo el aire fuera de mí. Pero ¿Quién necesitaba respirar cuando en lugar de eso podías beber de la riqueza de su belleza? La oscuridad de medianoche que era su cabello se sentía como oscuras cortinas de seda, cepillando sus hombros. Su piel tan pura como el alabastro La rojez alarmante de su boca en forma de arco de Cupido. Tal belleza sobrenatural, esos labios, deberían ser gracia solo de un querubín. En efecto, la primera vez que vi a Gryphon, por mi mente rondaba el pensamiento que él era un ángel caído, echado del cielo. No estaba muy lejos de la verdad. Solo que su cielo había resultado ser la luna.
Una tristeza inquietante como una cosa viva, inundaba el azul cielo de sus ojos. Tristes ojos que habían visto demasiado, hecho demasiado. Odie ver esa mirada una vez más en esas profundidades cristalinas. Sintiendo mi acariciante mirada, Gryphon volteó a verme y vi la tristeza que parecía ser tan parte de él desvanecerse y en su lugar algo mas se levantarse de dentro para tomar su lugar. En sus azules, azules ojos, vi mi sueño hecho realidad. Caliente pasión, dulce adoración. Amor. Todo lo que yo alguna vez soñé para mi vida y nuca pensé tener. Gryphon. Mi sueño hecho carne, un árbitro que vino de otro mundo hacia mí, solo y herido por la mano de su Reina, moribundo. Salvarlo a él me liberó e mi soledad y me inició en mi vida real.
Los sentimientos y el paquete de emociones entre nosotros aumentaban y me preguntaba por qué no estábamos tocando. Quería tocarlo, sentirlo, acariciar la dulce piel, para asegurarme a mi misma que él era real, no una visión que de pronto se desvanecería. Que él no me dejaría.
Un movimiento captó mi atención. Ah, claro. En el pasillo lateral a nosotros estaba la razón de porqué no lo tocaba. Ambir, mi otro amante. Alto como una majestuosa montaña, sólido con robustos huesos y aun más fuertes músculos. Poderoso como un majestuoso roble, grandioso y difícil de derribar. Su belleza se basaba en su rudeza, en su maltrecho corazón, con su fuerza bruta y sus emociones aun más rudas que a menudo escondía tras una muralla de fría indiferencia, una muralla de control, su máscara usual. Un hábito de autopreservación que había adquirido bajo las crueles reglas de Mona Sera, así que uno se engañaba al pensar que él no sentía nada… hasta que me vio como lo estaba haciendo ahora.
Tragué contra lo que vi en la intensa y desnuda mirada en el rostro de Amber, que era lo que él me permitía ver. No había nada frio ni reservado ahora en él. Sus ojos azules oscuros cambiaron a un fiero dorado, centellando amarillos como joyas relucientes y brillantes; el mismo color de su nombre, Amber. Los ojos de su bestia. Ellos quemaban y resplandecían con este extraordinario color cada vez que él agarraba pasión o poder.
Lo vi caminar hacia mí con esos líquidos y centelleantes ojos llenos con deseo y devoción, yo estaba divida entre correr lejos o tirarme a sus grandes brazos. El me salvó, me trajo de vuelta cuando estaba al borde de la muerte, protegiéndome de una banda de secuestradores renegados, y me amo desde eso. Cuando retornamos de nuestra pesadilla, el lazo entre nosotros era fuerte y verdadero, y ahora yo amaba a Amber tanto como amaba a mi querido Gryphon. Mis dos Guerreros Lord. Mis dos amantes. Aun creía fuertemente que no podría dejar a uno por sobre el otro. Que podía mantenerlos a los dos y dejarlos que me compartan, como ellos lo llamaban.
Amber se metió en el asiento al costado mío, sus elegantes caderas encajando fácilmente. Aun la gran espada que llevaba puesta en su cintura encajó. Pero sus hombros eran tan amplios, tan anchos que nos tocábamos. Y con ese pequeño contacto, una sensación de alivio nos recorrió a ambos. La tensión entre nosotros se suavizó, la extrañeza decayó. Mi mano izquierda se levantó naturalmente, sin ninguna orden consciente de mi cerebro, y se posó naturalmente en la de Amber, a la vez mi mano derecha igualó a la izquierda con los largos y delgados dedos de Gryphon. Gryphon levantó mi mano, deslizó un beso en la palma, y la presionó contra su corazón. Un gesto cortés que era tan natural y agraciado como el hombre mismo, provocando en mí un sentimiento de felicidad revoloteante. Y estando así de feliz, tener las cosas así de perfectas me ponía nerviosa. ¿Por qué? Porque sabía que no iba a durar. No para mí.
“El piloto dijo que pronto aterrizaremos.” La voz de Amber era tan profunda, tan oscura, tan baja, que me hacía temblar. “Te ves hermosa Mona Lisa” él dijo, y mi nombre fue como una caricia saliente de su boca.
Hice una mueca. Amber estaba sin duda refiriéndose a mi cabello largo que había dejado suelto y sin recoger, y mi vestido largo formal… un cordón negro que se arremolinaba sobre el forro negro de seda. Uno de los varios vestidos que había comprado en Manhattan, no porque vestirme así era mi estilo -oh no, no eso. Pantalones, camisetas, zapatillas, y una cola de caballo era más mi gusto, y lo que Amber y Gryphon estaban acostumbrados a ver. Pero los vestidos largos negros era lo que la Reina Monère acostumbraban usar, y eso era lo que yo era. Una Reina Monère. La más nueva.
Los hombres Monère eran un poco primitivos en lo que a gustos de sus mujeres se trataba -largos vestidos, cabello suelto, y hasta la pérdida de sus valores, especialmente en sus Reinas. Sin duda a ellos les gustaría dejar embarazada a cada mujer si ellos pudieran manejarlo. El problema era, muy pocos podían. Los Monère no eran personas fértiles. Era difícil, raro, que sus mujeres se quedaran embarazadas. Me pregunto si es por el natural estado de su longevidad -ellos tenían la típica duración de vida de trescientos años- o si esto era su condición al venir a un planeta extraño. Brevemente, me pregunte si es una condición que me había maldecido a mí también.
Usaba el vestido como una concesión, una de las muchas que yo probablemente haré en mi nuevo territorio cuando entre por primera vez. Como la primera Reina Monère de sangre mixta en toda la historia. Ya era lo bastantemente extraña como era, no necesitaba usar la usual vestimenta de la Reinas… al principio, eso es. Pensaríamos mas tarde en eso, después que ellos se acostumbren a mí. Ellos eran mis nuevos súbditos, los Monère local. Y no solo en New Orleans. Resultó que New Orleans es solo el asiento de mi trono. Mi nueva provincia se expande hasta más allá del Cuarto Francés, más allá de la bahía con sus oscuras aguas chocolate. Sus tentáculos como de una calamar abrazan el entero estado de Lousiana y un poco mas allá-
Miré la parte delantera del avión donde el resto de mi gente estaba sentada, a los que yo había pensado sería la totalidad de gente que gobernaría, hasta que Grifón había corregido mi falsa idea. Mis ojos se suavizaron al momento en que se posaron sobre Thaddeus con su cabello lacio oscuro, como el mío. Thaddeus, mi hermano verdaderamente sangre.
El cabello de Tersa y Jamie relucían como signos de exclamación de rubí al lado de Thaddeus; ellos eran el hermano y hermana de mi corazón. Todos ellos tres eran sangre mixta como yo -raros, unos pocos, y no queridos. La madre de Jamie y Tersa, Rosemary, una Monère de sangre pura, estaba sentada en la siguiente fila atrás de ellos. Ella era una cocinera bendecida quien dejo su cómoda posición en la Alta Corte para seguirme ciegamente a cualquier territorio que me asignaran. Yo había sido la única en haber salido a defender a su hija, Tersa, cuando un guerrero Monère la había raptado. Nadie mas había interferido porque no es contra la ley raptar, matar o hacer cualquier cosa que tu pequeño corazón oscuro deseara contra los sangre mixta. De hecho, sus leyes estaban torcidas contra los sangre mixta. Nosotros no podíamos matar a los sangre pura.
Si, sus leyes apestaban. Con suerte eso había sido enmendado una vez que me convertí en Reina. Yo, la única excepción en los sangre mixta, podía matar a un sangre pura. En autodefensa, claro. Una fría sonrisa se formó en mis labios. Cada asesinato que yo pudiera hacer se vería como hecho por defensa propia, claro, sea o no cierto. Porque, sin lugar a dudas, si los mataba, seria porque ellos suntuosamente merecían morir.
Rosemary me siguió porque creía que yo podía proteger a su hijo de sangre mixta, mujer astuta. Ella estaba en lo cierto. Yo haría todo lo que pudiera para mantenerla a salvo. Difícil de creer, mientras miraba a la fuerte cocinera con cabellos morenos quien era tan alta como una amazona, que Rosemary haya dado a luz al delgado, alto y pelirrojo Jamie, y a la pequeña Tersa, cuyos huesos parecían tan ligeros y delicados como los de una paloma. Me hacia preguntar -o no querer preguntarme- quien era su padre humano. Pelirrojo de hecho de constitución ligera. Sacudí mi cabeza, aclarando mis pensamientos. La dispareja combinación de parejas era algo de lo que ni siquiera quería imaginar.
En la tercera fila se sentaba Tomas y Aquila. Con suaves ojos eran marrones, cabello color del trigo y un acento del sur que fluía caliente y grueso como la melaza, Tomas era tan recto, verdadero y leal como la espada que había jurado a mi servicio. Aquila, por otro lado, era un ex renegado que vivía fuera de la ley, una de los que me había secuestrado de hecho. Tú nunca lo adivinarías mirando sobre su propia y precisa persona. El no era muy alto. El pelo de su bien cuidada y ajustada barba Vandyke era perfectamente derecho en contraste con su ondulado cabello marrón. El era antiguo, como Amber. Más de 100 años era mi suposición. El único de nuestro pequeño grupo a parte de mí que sabía manejar… dando tumbos “casi medio siglo desde que él había estado detrás de un volante” esa era la moda. El conocimiento de Aquila y el aprovechamiento en comercio y negocios era una buena cosa para todos nosotros, aunque quizás no tan sorprendente considerando el orden de su naturaleza.
Detrás de mí se sentaba Chami, el último y menos querido de mis guardias guerreros. El más peligroso. Lo tomé porque Mona Teresa, una desagradable y celosa Reina rival, lo hubiera tomado si no lo hacía. Se había humillado ante mí y rogado con sus profundos ojos violetas no dejarla tenerlo.
Chami tenía cabello ondulado marrón como Aquila, pero atado con un delgado cordón, era esbelto y con galgo. La presencia de su poder era como un invisible beso contra tu piel, ligero, apenas allí. Hasta que bajaba su escudo y te dejaba sentir la plenitud y el peso. Pero su real regalo no era el encubrimiento de todo su poder, aunque eso era un truco elegante. No, su verdadero poder descansaba en su habilidad de encubrirse el mismo. En realidad no se desaparecía a sí mismo, sino más bien tenía la capacidad de armonizar con su fondo y entorno de modo que era invisible. Camaleón. El haba sido un asesino, matando silenciosamente, una sombre cazadora no vista, su naturaleza era tan oscura y compleja como su don, y su lealtad menos segura, aunque él se había mantenido firme hasta ahora, aun cuando nosotros habíamos pasado contra un demonio muerto.
Mi familia. Mi círculo más cercano.
Inconscientemente, sin saber, nos habíamos sentado en reversa al orden de poder. Sangres mixtas, tradicionalmente -y verdadero en el caso de Jamie y Tersa- no era mucho más poderos que los humanos. Mi hermano, Thaddeus, y yo éramos las excepciones. Pero entonces nosotros somos más Monère que humanos. Nuestro padre había sido una sangre mixta, con identidad desconocida. Muerto de acuerdo a nuestra madre, Mona Sera, aunque yo pensaba que ella había mentido en aquel entonces.
Thaddeus era una curiosa excepción en nuestra inconsciente jerarquía asentada, que tenia al más fuerte sentado atrás para proteger al más débil de nosotros. Thaddeus, podría de hecho, demostrar hacerse más fuerte de todos nosotros con el tiempo, si nosotros pudiéramos concederle esto. Él era seguramente el más único, aún más que yo. Thaddeus, podía llamar a los rayos prolongadores de vida que entregaba la luna. El podía proyectar sus bendiciones, cosa que antes sólo las Reinas podían hacer. Mi hermano Thaddeus era la más preciosa esperanza para el futuro hecho hombre. Lo podía ver en sus ojos cuando ellos lo miraban… Aquila, Tomas, Chami -Todos guerreros que juraron estar a mi servicio pero cuya lealtad, quizás ante todo, consciente o inconsciente, era a mi hermano. Y esto está bien. Eso era mi deseo también. Yo preferiría que ellos velaran por su seguridad primero. Puedo cuidar de mi misma.

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Ahi esta el primer capi de este grandioso libro.. disfrutenlo y gracias por pasarse por aqui!!!! se les kiere...
Atte: Narumyta