Tenía que correr no importaba cuantas veces se cayera debía seguir moviéndose si es que quería seguir viviendo. Las ramas rasguñaban sus brazos, piernas y cualquier parte de su cuerpo donde su capa no la cubría. La noche era fría y oscura; el viento que antes la reconfortaba ahora era helado y gélido haciendo que respirar sea trabajoso. El bosque tan familiar para ella ya no era más un lugar seguro.
Ella seguía corriendo, lanzando ilusiones aquí y allá para confundir y retrasar a sus perseguidores. Pero el usar su poder la agotaba y se estaba cansando. Tenía que encontrar un lugar seguro donde esconderse al menos un momento para descansar y pensar.
Formas con capas oscuras como la noche más siniestra la seguían, sus ojos eran grises sin una pisca de vida; esos seres habían entregado su espíritu a los demonios del infierno para más poder del que La Naturaleza les dio, y en su hambre por control y poder perdieron el favor de sus elementos y éstos los abandonaron. Ahora servían a demonios y se alimentaban de la energía vital de otros, mientras más poder tenga el cuerpo más les servía su energía.
Pero ahora Los Oscuros no querían consumirla, sino querían lo que ella sostenía y acunaba en sus brazos, querían quitársela y entregársela a La Traidora para que esta pueda terminar la matanza que comenzó. Pero ella no se lo iba a permitir no después de ver como mataban a Su Señora y tantos de sus hermanos, esta niña era la salvación de Uparm y ella la protegería hasta con su vida.
Ahora, después de toda la masacre sabía que ya no había lugar seguro en Uparm y tampoco podía seguir corriendo para siempre. Si la encontraban la matarían; y Uparm ya no existiría.
Se estaban acercando… ella podía oírlos, las ramitas crujían y sentía al viento moverse nervioso anticipando una tragedia.
No tenia donde ir, había corrido por horas y ahora ya no le quedaban fuerzas. Las lágrimas corrían por sus mejillas de impotencia por defraudar a Su Señora, ¿Porque ella le había entregado a la niña?; ella no era fuerte, solo era una Sacerdotisa.
Tenían que salir de ahí, pero no sabía dónde ir.
Estaba sentada debajo de un árbol sosteniendo a la niña cuando lo vio, una de esas horribles formas viniendo hacia ella.
Este el fin pensó, el fin para todos.
La forma oscura se acercaba como levitando porque no tocaba el suelo, se detuvo y la vio. Entonces levanto su mano y en su palma empezó a formarse una pelotita de luz, una luz sucia y corrompida; la pelotita iba creciendo y creciendo. Si ella iba a hacer algo este era el momento, un segundo mas y morían, ella levanto la mano también, pero no para llamar a la luz -ya que ella no podía hacer eso-, sino para formar un portal; el portal que le permitiría escapar a ella y a la niña.
De su mano broto un rayo y una fina raya de luz se formo en el aire. La línea comenzó a ensancharse y tomar forma casi inmediatamente, ella estaba gastando las últimas fuerzas que le quedaban para buscar un lugar seguro y que no pudiera ser rastreado fácilmente. Sabía que la perseguirían hasta el fin del mundo si es posible; el odio que tenia La Traidora hacia la niña aseguraba eso. Lo único que tenía que hacer ella era aguantar hasta que llegara la hora. Y entonces la batalla llegaría y con ella el destino final de Uparm.
El portal se agrandaba casi al mismo tiempo que la – ahora bola- de luz lo hacía. La luz sucia en las manos de él al parecer alcanzó el tamaño deseado porque el oscuro levantó la mano para lanzarla hacia la mujer y entonces lo hizo; la lanzo y un estruendoso ruido se escuchó en el bosque.
Después el oscuro se acercó a reclamar su premio, le habían dicho que se podía quedar con la mujer. Caminó hacia el árbol en donde estaban, levantó algunas ramas caídas para poder admirar mejor su obra, pero ya no había nada allí.
La mujer y su bebe habían escapado.
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