Te necesito, te necesito aquí a mi lado. Seas quien seas, tengas el rostro que tengas, te necesito.
Me siento sola, la gente está a mí alrededor y me siento sola. Nadie me sostiene la mano, nadie me da un cariño por más efímero que sea como tú lo harías, te necesito.
No se tu nombre, no sé cuantos años tendrás, pero si es verdad todo lo que he leído, si hay algo de cierto entre tantas autoras que divulgan y publican historias sobre el amor, si es que aquellas aventuras tienen en un poco de verdad; entonces sé que existes, en alguna parte, en algún rincón del mundo, sé que existes.
Tan solo no te demores si? No aguanto esta angustia, merezco aunque sea una pequeña probada de lo que sería tenerte aquí conmigo, no tardes y ven a mi encuentro hombre misterioso. Ven y llena mi vida de luz y calor. Descongela mi corazón que se ha vuelto frio y brumoso.
¿O es que yo soy la que tengo que buscarte? Tengo miedo de estar haciendo algo mal, he fallado tantas veces, pero… ahí está la cuestión, todas esas veces no eras tú. Tengo miedo de que nunca llegues, de que no me encuentres; ¿Y si nos cruzamos en el camino? ¿Y si tú me buscas cuando yo te estoy buscando? Oh mi hombre misterioso! ¡Cuánto temor tengo de no encontratarte! Pero seré perseverante y confiare en la única fuerza mayor que existe en el Universo cambiante, aquella Fuerza que nos unirá y nos permitirá llenar de dicha nuestros corazones. Ésa Fuerza nos protegerá y lograra hacer el milagro de que acudamos el uno al otro, como almas perdidas que al fin encontraron el camino a casa.
Sabes que tengo tanto amor a mí alrededor, tantas personas que darían su vida por mí, pero sin embargo ninguna de ellas eres tú.
Ninguna mirada llena de afecto que recibo es la tuya. ¿Qué color son tus ojos? No lo sé y ni me importa, lo único que quiero es verlos y reconocerlos, ver el amor reducido en una mirada, Tú mirada.
Ven que quiero sentir tus manos en mi rostro, sentir que levantas mi barbilla para darme un beso, quiero sentir tus brazos alrededor mío, sosteniéndome y acunándome; protegiéndome del mundo y sus inclemencias.
No soy una dama desvalida, no soy una pobre alma que no tiene rumbo ni guía en su vida. Se lo que quiero y lo que valgo, sé por quienes tengo que luchar, a quienes le debo mi agradecimiento eterno y a quienes mi más profundo amor y respeto, sé de quienes me tengo que ocupar cuando sea alguien en la sociedad, alguien que tenga un lugar ganado por esfuerzo y trabajo. ¿Pero sabes que no se? ¿Sabes de qué dudo a cada momento? ¿Qué me tiene noches enteras sin dormir y con las mejillas mojadas de lluvia caliente y salada? Tú. Ese simple y pequeño pronombre que no tiene nombre; TU. Mi hombre misterioso, la persona que va a ocuparse de mí y yo de él. La persona que no conozco pero que mi corazón ansia encontrar, tocar y amar. Tú querido y adorado amor, quien se quedara conmigo en mis desfortunios y aciertos, la manos que cogeré cuando vea que mi vida ha pasado y recuerde momentos en los que Tú has estado.
Hombre sin rostro grito, MI hombre misterioso proclamo; ¿Vendrás a mí? ¿Prometerás amarme sin reparos ni temores? ¿Te entregaras a mí como yo lo hare a ti?
Oh Dios! Como quisiera verte, probarte y sacar una sonrisa de lo más profundo de tu alma.
Te esperare mi hombre misterioso, te esperare y seré recompensada el día en que tus dulces labios toquen los míos, cuando me muestres el amor de hombre por su mujer y allí sabré que esta espera, esta incertidumbre no es vano. Que mi ahombre sin rostro sí existe.
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Me encanto!!
Los Portadores
Un amor arrebatado, un corazon vacio. ¿Podra el recomponer su corazon?, ¿Podra protegerla del destino que le espera? ¿Que podra mas su deber como Guerrero o el amor por su Señora?
viernes, 8 de octubre de 2010
domingo, 18 de julio de 2010
Los Portadores: Capitulo Tres

Elena se sorprendió al ver su asentimiento, no pensó que se lo iba a tomar de esa manera.
De repente todavía no sabe que le voy a decir. Pensó; pero eso no era posible porque vio como sus ojos se oscurecían del entendimiento. Supo ver en los ojos de él, el momento exacto en donde entendía todo. Así que se preguntaba porque no la había mandado al diablo.
Caminaron juntos guiados por Elena; se alejaron del camino de piedra sin terminarlo y se adentraron al bosque. Avanzaron esquivando la maleza por un casi imperceptible camino, hecho por el constante ir y venir. A simple vista eso parecía llevar a ningún lado.
Elena recorría el bosque esquivando ramas, rodeando árboles que se hacían cada vez más altos. Y justo cuando se veía que ya no habría mas espacio para caminar Elena se metió en medio de un arbusto y desapareció de la vista de Joseph. Éste la siguió confiando totalmente en ella por el arbusto y después de un segundo de sentirse perdido entre las ramas que herían su piel, sintió la mano de ella cerrarse en la de él y jalarlo hacia fuera. Joseph sintió la suave brisa golpear su rosto cuando salieron de entre el arbusto. Se limpió las ramitas de los brazos y cara y levantó la vista.
Lo que vio fue total y absolutamente hermoso. El lugar secreto de Elena; al que ella venía cuando no se sentía bien, en donde pasaba casi todas sus noches y nadie más conocía, estaba frente a sus ojos.
El prado no era tan grande sino tenía una medida casi perfecta para sentirse a gusto. Estaba cubierto de un majestuoso pasto verde. Las flores de diversos colores y mesclas de éstos estaban esparcidas por todo el lugar, pero no lo estaban sin ningún orden o pareciendo un embrollo de colores, sino que coexistían en una armonía primorosa. Las había de todas formas y tamaños. Él nunca pensó que en este pueblo había tantos tipos de flores.
En medio del grandioso prado se encontraba un arroyuelo demarcado por grandes piedras grises y beige. Joseph se atrevió a dar un paso y lo hizo muy lento; no quería arruinar la pureza del momento ni del lugar, parecía incorrecto caminar rápido aquí, hasta gritar hubiera sido considerado un pecado en este sitio tan hermoso y pacífico. Se acerco más al arroyo para obtener una mejor vista. El agua era cristalina y pura, reflejando la luz del sol en su superficie; había peces pequeños nadando allí viéndose… felices (si es que los peces pudieran “verse” felices).
Sintió unos dedos cálidos sellarse en su muñeca tocándole de la manera mas gentil. Bajó la vista para encontrase con el rostro de su princesa. Ella lo miraba con cara expectativa y de interés. El le sonrió. Y ella lo hizo también.
Joseph inclino la cabeza un poco para así juntar su frente con la de ella.
Sus narices rozándose y sus labios apenas tocándose. Sintiendo la respiración caliente del otro en la cara.
Él cerró los ojos y susurró – Gracias por mostrarme esto. Nunca pensé que lo harías.- hizo una pequeña pausa para que lo que iba a decir a continuación sea dicho de la mejor manera posible y expresado con las palabras correctas porque sabía que no habría otro momento mas perfecto que éste.
- Pensé que te irías sin mostrármelo– Abrió los ojos y la miró, quiso que ella vea en él la verdad de sus sentimientos -Te quiero princesa y siempre lo haré. No importa la distancia que haya entre nosotros lo que siento por ti difícilmente se ira por unos cuantos kilómetros- se detuvo ahí y después dijo en voz suave.
-Sé para que vinimos aquí- lanzó un pequeño suspiro – lo que estoy tratando de decir es que no tienes que estar tan preocupada por como decírmelo, ni si lo voy a tomar bien o mal. Sabía en lo que metía cuando le permití a mi corazón quererte; sabía que algún día partirías y siempre trate de imaginarme ese momento para saber exactamente que decir y hacértelo mas fácil. Bueno en lo que se pueda…- exhalo, y soltó una pequeña carcajada que sonó mas desesperada de lo que él hubiera querido.
Elena no podía creer lo que él le estaba diciendo. Como él estaba haciendo de esto algo totalmente diferente a como ella se imagino que sería. Dios él es tan increíble. Pensó. Esto no hacía más fácil para ella irse. No cuando sabia que dejaba a un chico tan brillante y maravilloso como Joseph, que la quería como ella a él. Aquí con Jo ella encontró el lugar seguro que siempre había estado buscando y ahora lo dejaría sin saber siquiera la razón de por que lo hacía.
-Jo yo… lo siento. En serio. No quiero dejarte, me duele mucho hacerlo. Pero tengo que irme. Mi tia asi lo quiere y no puedo ir contra ella, soy lo único que tiene y ella es el único familiar que me queda. El único recuerdo de mis padres, de que realmente existieron, de que realmente me quisieron- se detuvo, inspiro y saco todo el aire de dentro -Te traje aquí porque quería que cuando yo me vaya tuvieras un lugar especial con el cual recordarme y recodar todo lo que tenemos. Sé que suena cursi, pero -se encogió de hombros -eso es lo que siento. Tengo miedo de no volver a verte y perderte para siempre de mi vida, tengo miedo de ir a un nuevo sitio y empezar todo de nuevo, tengo miedo de que la razón de todas estas mudanzas sea algo terrible, nunca tuve tanto miedo de tantas cosas en mi vida.- Susurrò Elena.
Nunca se encariño con nadie en las antiguas ciudades que había vivido, nuca se quedaban lo suficiente para poder hacerlo tampoco; y ahora que se permitió querer, se avecinaba una real tormenta en la que no estaba segura saldría totalmente ilesa. Dejaba a dos grandes personas en Ville, Claire yJo, dejarlos a los dos le dolía.
-Shhh… ya lo sé Elena, créeme que lo sé. Todo va a estar bien vas a ver. Vamos a estar bien. No vas a perderme tontita, además estamos en la era tecnológica ¿no?, hay celulares, mails y un montón de aparatos mas con los que podemos hablar. ¡Vamos!, no va a ser tan malo. Tus papas te quisieron demasiado y te lo demostraron solo con el hecho de tenerte. No te pido que vayas en contra de tu tía, no te pido más de lo que sé me puedes dar, sólo no me olvides ¿Si?, cuando nuevas personas entren en tu vida, no me olvides. Te quiero princesa.- Elena cerró los ojos cuando lo escuchó decir esto; en el fondo de su corazón ella tenía dudas y cada vez estas crecían.
Acercó sus labios a los de él y lo besó como si no hubiera mañana. Era el aquí y ahora, con él en el lugar más seguro para ella, todas sus dudas e incertidumbres se esfumaron cuando puso sus labios junto a los de él. La felicidad embargó su alma. Se besaron dulcemente y despacio al principio, disfrutando de solo el roce de sus labios, después el beso se volvió desesperado, casi urgente. Un beso que mostraba claramente como se sentían ambos ante la inminente partida de Elena.
El mundo desapareció para Elena con ese beso, mientras Jo estuviera con ella al menos el poco tiempo que les quedaba, todo estaría bien. Simplemente bien.
Esa noche en su cama Elena no podía conciliar el sueño, daba vueltas y se enredaba en las sabanas. Movio sus piernas de tal manera que pudiera desenredarse y se sentó respirando agitadamente en su cama. Miro la oscuridad que rodeaba al cuarto y le entraron escalofríos, se paro encontrando sus pantuflas una lejos de la otra y camino a tientas por su cuarto cuidando de no tropezarse con nada; llego hasta la ventana y descorrió la cortina. Afuera la luna estaba llena y era la más magnifica luna que se había visto en años. La primera la vio cuando tenía 10 y estaba viajando en el auto con su tía –mudándose de nuevo- El tamaño de esta era enorme, parecía querer tragarse la tierra y estarla asechando, observando sus movimientos y aprendiéndoselos para así sorprenderla en el momento menos pensado y agarrarla de sorpresa, Elena ya no sabía si era a la tierra a quien vigilaba o a ella misma. Últimamente en estos días se sentía extraña.
Su día tampoco había sido el más normal. Cuando terminaron de hablar con Jo y se dirigieron a su casa, su tía los esperaba fuera y aunque tenia una sonrisa en los labios ésta no le llegaba a los ojos. Su rostro y su postura estaban tensos. Jo la saludó y entraron a su casa.
Elizabeth era una mujer que parecía de 40 años, pero Elena sabía que su tía no era tan joven; simplemente las fechas no coincidían si era verdad la edad que aparentaba. Otra cosa extraña en su vida era eso también, que no sabía su edad exacta, nunca se lo dijo y siempre que preguntó simplemente su tía cambiaba de tema; antes creía que ella no se lo quería decir por ese temor que tiene las mujeres con la edad cuando empiezan a envejecer. Pero ahora se estaba cuestionando todo y no sabia porqué. No creía que fuera normal no saber la edad de la única persona que era familiar tuyo en el mundo.
La figura de Elizabeth cada vez se hacía más nítida, al acercarse ellos. Su tía vestía un pantalón de lana con una blusa muy femenina color azul acero, tenía un chal alrededor de sus hombros para resguardarse del viento que en esta época del año se volvía un poco más fuerte. Tenía el cabello hasta la cintura y le caían en suaves ondas pelirrojas. Su tez era blanca como la luz de luna y tenía la mejor piel que Elena haya visto nuca. Sus ojos azules claros, ahora estaban oscuros como el mar cuando se avecina una tormenta. Elizabeth era una mujer hermosa, exuberantemente hermosa, con gran presencia y gargo. Muy opuesta a la imagen etérea que Elena presentaba. Con su cabello y ojos pálidos y la figura con no muchas curvas que presentaba. No era fea, de hecho Elena era hermosa también solo que era la belleza opuesta a la que presentaba su tía. Y aun así eran parientes.
Elena abrazó a su tía diciendo buenas noches y le dio un beso en la mejilla. Joseph solo le dio un levantamiento de cabeza y la saludo respetuosamente.
¬¬
- Pasen niños- Elizabeth sonrió por lo bajo al decir esto, sabiendo que a Elena no le gustaba que la llamaran “niña”- La comida ya esta lista, Elena ayúdame a poner la mesa mientras Joseph alcanza los platos de comida. Tengo que hablar con ustedes, sobre todo contigo Elena, son buenas y malas noticias. Pero primero antes de todo metamonos algo en el estomago, asi no sera tan malo, o tan bueno... para todos. Y... ¿Porqué están con esas caras tan largas chicos?¬ - Dejo que entraran y agarro la manija para cerrar la puerta, antes de hacerlo se permitió una mirada hacia el bosque, suspirando cerró la puerta. Pronto vendrían y ya no quedaría más sitio al que huir. Todo pasado saldría a la luz y Elena iba a pasar por mucho dolor al enterarse de la verdad. Para ella quedaba solo el perdón.
Mi primer Premio!!! Wiiii. Cortesia de Vane Dhampir

Gracias por el premio Vane!!! es mi primer premio y estoy super feliz y contenta que seas tu quien me lo haya entregado!!! Gracias por tu apoyo.
Yo se lo entrego a:
1) Aika
2) Jennyhvela
Disfruto mucho de las historias de ambas, y estoy prendidisima de la de Jenny... (esperando por capi xD! y Amo a Nick)
Y para las soñadoras q hac muy poquito me siguen, gracias por su apoyo chicas y su blog es lo maximo besos para todas!
3) El blog Historias del Silencio
Ok es mi primer premio asi q si lo hice mal tenganm paciencia si?? xD Gracias!!
domingo, 4 de julio de 2010
Los Portadores: Capitulo dos

Elena caminó por el sendero de piedras hasta la parte delantera de la casa.
Su casa no era grande ni pequeña, de color blanco y con una presencia magnífica; estaba rodeada por árboles por los tres costados salvo la parte delantera –que era el porche a la vez- y atrás en el patio tenía arboles de varias frutas. Los marcos de las ventanas eran azul marino claro y desde afuera se veían las cortinas de encaje blanco que compro su tía cuando recién llegaron al pueblo. La casa era de dos pisos, abajo eran el comedor, la sala, la cocina y un pequeño hall atrás en el patio; y en el piso de arriba se encontraban los dormitorios, tres en total, uno de su tía, uno suyo y otro servía como cuarto de visitas -no es como si tuvieran muchas por cierto-.Su habitación daba para la parte frontal de la casa y la de su tía para la parte trasera.
Era de madera y para los días de frio tenía una gran chimenea en la sala que las calentaba y les daba esa sensación de hogar que tanto buscaban. De todas las casas en las que vivieron en tantos años de mudanza, esa era la mejor sin duda.
Hace dos años cuando vinieron a estos terrenos en busca de una casa en donde quedarse, nunca imaginaron encontrar una antigüedad tan linda como ésta. La habían nombrado “The White House” –por razones obvias- y se la compraron casi de inmediato. Consiguieron muebles y cosas para la casa en una venta de garaje. Y la decoraron al gusto de ambas.
Se mudaron después de dos semanas de decoración y la tía Elizabeth empezó los papeleos para el ingreso a la nueva escuela de Elena. Había mucho que hacer y Elizabeth no se habría molestado en hacerlo si no supiera que por fin aquí es donde se iban a quedar indefinidamente. Ya faltaba poco para que llegara el día, así que de nada serviría seguir corriendo. Solo dos años más y podrían regresar y reclamar lo que por derecho le pertenecía a Elena.
Elena se tomó su tiempo caminando, quería disfrutar del olor y la vista hecha por el sol filtrándose de entre las ramas. El sol ocasionaba que su humor cambiara completamente en las veces que este era capaz de abrirte un agujero en la cabeza con solo una mirada enfurecida. La revitalizaba así como la luna la apaciguaba. El carácter de Elena podía ser muy suave y dulce la mayoría de veces; pero cuando se trataba de proteger y sacar cara por alguien a quien amara, no había en la tierra nada que te salvara de la mirada que recibías por parte de ella. El carácter protector de Elena siempre estuvo ahí y ella se sentía a gusto con ello.
Terminando el sendero, Elena vislumbró su casa y afuera de ésta estaba el auto gris con su conductor recostado en el capote.
Elena sonrió con la vista que éste ofrecía. Ahí estaba él, alto y de contextura delgada, no en extremo pero tampoco era como esos muchachos llenos de esteroides. De cabello negro brillante, asemejándose a las alas de un cuervo, largo y en capas, cubriéndole la frente y cayéndole sexy por un lado; toda esa oscuridad contrastando con su piel blanca como la luz de la luna. Sus ojos eran oscuros, dos pozos sin fondo en los cuales Elena se perdía siempre que los veía. Su rostro era un poco largo y tenía unos labios rosados y carnosos, eran lo que más le gustaba a Elena de él.
Su corazón empezó a retumbar, lo podía sentir subir y bajar por su garganta.
Soltó su mochila en el gras y corrió hacia los brazos de Joseph.
Estaban juntos desde casi año y medio.
Cuando Elena llegó a Ville y empezó la escuela no era la chica más popular ni nada de eso. Pero a pesar de que Joseph tenía muchos amigos y la mayoría de las personas lo adoraban; parece que él vio algo en Elena que los demás no lo hacían. Él la invito a salir y así comenzó toda esta aventura juntos. No cabía duda que se querían, ella no veía su vida acá en Ville sin Jo a su lado; solo que a veces Elena sentía como si su vida no estuviera del todo completa todavía. Como si Joseph no fuera su otra mitad. Es una tontería pensar en almas gemelas o complementos en estos tiempos, pero, para Elena eso era un sentimiento de conciencia que se encontraba arraigado muy dentro de ella. No lo podía evitar y aunque superficialmente le pareciera tonto en infantil, muy dentro de ella ese sentimiento iba creciendo y fortaleciéndose con el tiempo. Sentimiento que muy pronto saldría y le costaría muy caro.
Ellos eran la pareja perfecta en la escuela, siempre juntos y adorándose el uno al otro. Nadie podía creer que después de todo ese tiempo juntos aun ellos podían seguir dándose esas miraditas de enamorados primerizos. Eran toda una leyenda en la Escuela Secundaria de Ville. Aunque Joseph ya la había terminado el año pasado y Elena lo hacia este año, los cotilleos en la escuela eran pan de cada día.
Joseph se iba este fin de año a postular a la universidad. No les alegraba mucho la separación pero habían acordado que Elena postularía allí también para cuando terminara la escuela. Y aun le quedaban 5 meses.
Joseph vio venir a Elene, tan bella y radiante como siempre, nunca entendió como pudo haberse enamorado tan rápido de ella, ni como cada vez que la abrazaba sentía que la conocía de toda la vida. Se sentía correcto estar a su lado; y aunque él sabía que Elene también lo quería, siempre encontraba en los ojos de ella, ese pequeño punto de su mente, el cual sabía no lo ocupaba él. Siempre pérdida en sus pensamientos, en su mundo y en sus preocupaciones. Elene parecía ser de otro mundo, cubierta por una poderosa y brillante aura nunca antes vista por Jo en ningún otro humano, tal vez fue de eso de lo que él se enamoro.
Leer las auras para Joseph era cosa de todos los días y si se esforzaba lo suficiente le llegaban también hilos de pensamientos de las personas a su alrededor. Sus padres eran poderosos leedores de mentes, pero a él se le daba mejor la lectura de auras.
Elena no sabía nada al respecto de esto, y el Joseph no se lo quería contar por miedo a que ella pensara que era un loco o desquiciado.
Cuando ella se lanzó a sus brazos él la agarro y levantó del suelo en un abrazo lleno de amor y ternura. Diablos como quería a esta chica- Pensó Jo. La bajo suavemente y separó la cara que ella había enterrado en la depresión de su cuello con delicadeza. Sostuvo su barbilla y la miró a los ojos. Es lo que más le gustaban de ella –esos misteriosos ojos que poseía- aunque muchos no le creyeran y pensaran que era un cursi y romántico empedernido. El amaba verla sonreír y daría todo lo que tenia para dejarla con la sonrisa en su hermosa cara.
En el momento en que Joseph la bajo y miró a los ojos, a Elena se le puso la piel de gallina. Vio en esos verdes ojos el amor que ella también sentía por él.
Hubo un silencio para nada incomodo y entonces fue cuando se acordó de la mudanza, desvió la mirada para que èl no viera la tristeza que ella sentía por dejarlo. Dios como iba a decirle, el solo pensar separarse de él hería su corazón.
El atrajo de nuevo su atención ahuecando su cara en sus manos.
–Hey, ¿Qué te pasa? En un momento estabas tan feliz y al siguiente ya no.-Joseph dijo. - ¿Es que no te alegras de verme? Porque yo estoy contentísimo de verte, hoy no tuve un buen día en el trabajo- al ver la cara de preocupación de ella hizo un gesto con la mano restándole importancia- nada importante, ya sabes lo mismo de siempre, clientes que creen que siempre tienen la razón- un lado de la boca de ella empezó a curvarse- Y entonces vine lo más rápido que pude al terminar mi turno para ver a la mejor medicina para los “no buenos días de trabajo” que tengo y… ¿adivina que paso?- ella levanto levemente una ceja invitándole a continuar- Pues… “ESTOY CURADO”.- él levanto las manos al cielo para luego posarlas nuevamente en su cintura - ¿No es un milagro? Creo que tenemos que llamar a una de esas sectas que curan con un vaso de agua para hablarles de ti. Te lo aseguro no hay nada más efectivo que estar a tu lado- al fin el rostro de ella se adorno con esas sonrisas que te detenían el corazón. Bueno al menos al de él lo hacía.
-Siempre me haces reir Jo- dijo ella todavía con una sonrisa en los labios.
Ella suspiro y apoyo la cabeza en su hombro; lo abrazo por la cintura e inhalo el olor tan peculiar que él tenía, desde que se acercó lo suficiente para poder hacerlo. No era que él se bañara en colonia o se echara algo artificial. No. El olor que el desprendía era su olor natural, el olor que para Elena era tan familiar y querido, el olía a madera viva y a rocío fresco de una mañana de primavera. Elena no sabía de dónde venían esas comparaciones, pero era verdad. Su olor era tan rico que nunca se cansaba de abrazarlo o descansar a su lado.
-Y sabes que eso no es verdad siempre estoy más que feliz de verte. Estuve pensando en ti todo el día- ella hizo una pausa y se separó de él un poco para poder verlo a los ojos. Entonces se le ocurrió una espectacular idea.
-Tengo que hablar contigo Jo- suspiró – no es sobre nosotros. Es sobre mí y mi tía. Pero antes quiero mostrarte algo. Mmmm… ¿qué es lo que siempre quisiste saber y yo nuca te lo dije?
Él abrió los ojos como platos y emitió un sonido de sorpresa
– No estarás hablando que me vas a mostrar tu…- no completó la frase y esperó para que lo negara, pero en vez de hacer eso ella asintió y al él el corazón se le lleno de alegría. ¡Al fin! Ella iba a confiar en él y le iba a mostrar su “lugar secreto”.
Pero ésta alegría duro solo unos segundos y sus ojos se oscurecieron de la sospecha. -Ella nunca aceptó mostrárselo, ni siquiera su tía sabía donde era, dijo que tenía que hablar con él… Oh no, esto no era para nada bueno… No puede ser ¡no tan pronto!- Pensó
Joseph asintió con un leve movimiento de cabeza, caminaron juntos agarrados de la mano en silencio. Él siguiéndola y ella guiándolo hacia lo que era sin duda el último encuentro entre estos dos enamorados.
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